Nadie mejor que nuestra Olivia Olivo para dar cara al principio básico de que no compra motos en el nombre del amor. Olivia es una mujer liberada que tiene un elástico concepto de la fidelidad y que cambia de novio sin el menor coste moral. Una maravilla. Triunfadora en los amores demuestra que la escualidez y el pecho plano ni suman ni descuentan. Así que entre "pop" y "yeye", nuestra Oliva particular explica muy claramente a todos los Popeyes y Brutos de su entorno que el mejor servicio de habitaciones es el autoservicio. Así que sin rencores ni acritud, "quererte no es tener que hacerte el bocadillo".
En los cuentos tradicionales siempre hubo una estructura muy clara: los héroes emprendían sus búsquedas en pos de un objeto de deseo que podía ser una copa sagrada, una hermosa doncella, un reconocimiento al valor o una preciada posesión. En el camino pasaban por multitud de pruebas, a cada cual más retorcida: enanos sabios que les proponían adivinanzas, dragones con mala leche que escupían fuego, estatuas misteriosas que escondían un enigma... Los héroes, claro, siempre superaban todos los tests exitosamente con el sudor de su frente, que para eso eran los machotes de la historia. Al final del proceso, el ansiado premio: dinero, prestigio, reconocimiento, matrimonio, felicidad y perdices.
Mientras tanto, las protagonistas solían tener historias mucho menos emocionantes: o esperaban al final del arco iris por su héroe de pelo en pecho, o dormían cien años sin enterarse de quién ganaba las elecciones o la liga de fútbol o, aún peor, aguantaban malos tratos en castillos de condes malvados o se salvaban por los pelos del envenenamiento a manos de una pérfida madrastra, justo antes de que el atractivo caballero las rescatase. El único papel un poco activo que se dejó alguna vez a las princesitas de los cuentos fue (y hay que fastidiarse con lo pegajoso del asunto)... el de besar ranas. Dar un piquito a un batracio verde y asqueroso era la única forma que tenían hasta hace nada las "heroínas" de los cuentos de salvar ellas, por una vez, a sus aguerridos pretendientes. No se puede decir que haya que estudiar mucho ni que prepararse físicamente corriendo y levantando pesas cada día para completar esta hazaña (comparen ustedes con matar un dragonazo o con humillar a un rival a base de juegos de palabras).
A día de hoy, sin embargo, las niñas ya no quieren ser princesas, porque han descubierto que hay que dejar el trabajo, vestirse de negro-luto para amadrinar a la Guardia Civil y cerrar la boquita per secula seculorum. Conocida la mononucleosis y descubierta la Gripe A, además, a ver quién es la rica que se pone ahora a besuquear batracios. Ese cuento se ha acabado. Porque, aparte de las posibles enfermedades a contraer, muchas chicas actuales se niegan a dejarse encerrar en cuentos donde las familias reales viven del ídem a costa, entre otras cosas, de su trabajo de mileuristas. Las listas de nuestros tiempos no caen ya en la trampa de los yates y los viajes oficiales, porque saben que tras las coronas se esconden el silencio, la sumisión y la desigualdad entre hombres y mujeres. Las que tienen memoria o la buscan entre los pliegues de las faldas de sus abuelas recuerdan que en este país fue la Segunda República la que dio a las mujeres el derecho al voto, sin el cual no existirían como ciudadanas. Y aprenden que aquel sistema, hoy maldito por algunos, desterró el analfabetismo de muchos pueblos, educando a antepasadas suyas que, hasta entonces, no eran sino meras mulas de carga de sus padres primero y de sus maridos después. Así que en este siglo XXI, las nietas de un sistema más justo que el actual y las que crecimos con historias de dragones y doncellas y nos hemos hartado de no ser protagonistas, decimos con nuestras camisetas guerrilleras: ¡¡¡ya basta de cuentos!!! No besaremos ni una rana más.
ALGUNAS AFIRMACIONES ACERCA DE LAS FEMINISTAS
O LA FALTA DE CLARIDAD DE IDEAS
"Las feministas estan sexualmente insatisfechas": pues ni más ni menos que el resto, oiga, que algunas nos arreglamos divinamente y no nos metemos en estos follones solo porque no podamos "pescar un hombre de verdad".
"Las feministes son unas Come-homes": ¿En qué quedamos?
"Las feministes son feas": sí, y todo el cuerpo de la Guardia Civil tiene bigote... sin comentarios
"Todas las lesbianas son feministas y todas las feministas son lesbianas": Pues mire usted ni si, ni no, ni todo lo contrario. Una cosa es la orientación sexual y otra muy diferente es la orientación de pensamiento, no vamos a mezclar "churras con merinas".
"Les feministes tienen bigote": ¿Cómo la Guardia Civil?
"¿Yo feminista? No, no, femenina": ser feminista significa reconocerse capaz, importante y digna de ser respetada, ser femenina generalmente viene de serie cuando tienes ovarios, es más, juntas son altamente recomendables.
"Las feministas se inventan palabras y se empeñan en ponerle una "A" a todo": El lenguaje sexista hace invisibles a las mujeres y las asocia a valores negativos. Si las mujeres ocupan espacios que antes no ocupaban (y bien que nos costó) tendrán que nombrarse ¿o vamos a siguir pensando que la doctora es la esposa del doctor? ¿Acaso el enfermero es el marido de la enfermera? Evolucionamos o morimos... de aburrimiento.
"Todas las feministas son mujeres": desgraciadamente la mayoría si, pero por fortuna el número de hombres feministas está aumentando, con voz propia, y esto es así, le pese a quien le pese.
"No al feminismo, que es lo contrario del machismo": El machismo, considera al varón como medida de todas las cosas y trata a las mujeres como personas débiles e improductivas, necesitadas de la protección, dirección y cuidado que sólo pueden darle los hombres. Los feminismos critican la desigualdad social entre mujeres y hombres, y proclaman la promoción de los derechos de les mujeres. ¡Contrarios, contrarios! Qué, aprendemos de una vez, o vamos a seguir repitiendo curso...
Decididamente a nosotras sigue sin paecernos un insulto que nos
llamen feministas porque...
¡EXISTEN MILENTA RAZONES PARA APOYAR LOS MOVIMIENTOS DE JUSTA LIBERACIÓN DE LAS MUJERES!
Coleutivu Milenta Muyeres y Moces
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